lunes, 4 de octubre de 2010

Un pobre pendejo

Por Daniel Coronell
OPINIÓN. Durante el despeje se movía en camionetas de alta gama y aun después se conocieron imágenes suyas montando caballos de paso fino.
Sábado 25 Septiembre 2010 
Se lo preguntó María Cristina Caballero, una colosal periodista colombiana que ahora trabaja en Estados Unidos. Cuando empezaba el despeje en el gobierno Pastrana y el país vivía la ilusión de un proceso de paz naciente, Jojoy encabezó una arrogante demostración de fuerza. Cientos de guerrilleros con uniformes nuevos, armas modernas y bandas con el tricolor nacional sobre el pecho marcharon hasta San Vicente del Caguán.
El jefe del Bloque Oriental de las Farc quería exhibir su poder. Hizo formar a los hombres frente a decenas de cámaras de televisión y pidió un parte a los cabecillas. Entre los que se pusieron firmes estaban Romaña, Marco Aurelio Buendía y Jairo Martínez.
Todos los mapas tácticos de la época mostraban que la zona de influencia del Mono Jojoy era también la de los grandes cultivos de coca. El aumento del poderío militar de las Farc en la segunda mitad de los 80 arrancó justamente con el auge de los cultivos ilícitos promovidos por el cartel de Medellín en las selvas colombianas.
Las Farc cuadruplicaron en unos años sus hombres y su capacidad de fuego, pero empezaron a perder progresivamente cualquier horizonte político. Unos años después, el Mono Jojoy y su hermano Grannobles fueron grabados hablando de la entrega de “1.300 terneros”, días antes de que fuera interceptada una avioneta cargada con 1.300 kilos de cocaína muy cerca del área donde operaba Grannobles.
Siempre negó la relación de esa guerrilla con el narcotráfico y pretendió limitarla al “cobro de unos impuestos” a los cultivadores. Sin embargo, su influencia en las Farc creció de la mano de su fortuna. Durante el despeje se movía en camionetas de alta gama y aun después se conocieron imágenes suyas pasado de tragos, montando caballos de paso fino. Gustos más propios de otros sectores de la delincuencia.
Veía la guerra como un problema de territorio y dinero. Jojoy explicaba la existencia de las Farc como consecuencia de la tacañería del Estado. Alguna vez dijo: “No nos quisieron escuchar cuando esto se solucionaba con cinco millones de pesos, en el año 64”.
Dentro de las Farc encarnaba la más dura de las líneas y creía que –en el mejor de los casos– un proceso de paz debería desembocar en un tratado de límites: “Aquí quedan las Farc y aquí queda el Ejército”.
Según él, la zona despejada era el sitio más seguro de Colombia, y como muestra de ello argumentaba que era el único lugar del país al que el Presidente podía ir sin escoltas: “Esta es la zona más pacífica de Colombia. Los homicidios bajaron un ciento por ciento. Las funerarias se quebraron y los curas también”.
La única vez que se disculpó públicamente fue cuando un reportero le mostró que el llamado ‘Ejército del Pueblo’ mataba a campesinos y trabajadores con sus cilindros bomba. Prometió que eso cambiaría, pero el uso de estos artefactos explosivos continuó durante meses después de esa declaración.
Ese era el hombre que, con un reluciente fusil en la mano, dirigía la ominosa parada guerrillera en San Vicente del Caguán, a finales de 1998.
María Cristina Caballero esperó una pausa en la demostración. Se acercó y en una entrevista premonitoria logró sacarle a Jojoy que las Farc solo estaban interesadas en la ley de canje y no en la paz que añoraba Colombia. También le dijo que empezarían a secuestrar políticos para presionar ese intercambio. El gobierno de la época descalificó las afirmaciones porque no venían de un “vocero oficial” de las Farc. Todo lo que anunció en ese reportaje se cumplió con escalofriante exactitud.
Con la noticia de la muerte de Jojoy, recordé otra parte de la entrevista. Cuando María Cristina le preguntó qué haría cuando no tuviera fusil, él respondió que eso jamás pasaría: “El día que entregue el fusil nadie va a querer hablar con nosotros, ni los periodistas. Sería un pobre pendejo. Sería la paz de los muertos, porque nos bajarían de una vez. Si estamos vivos es porque tenemos fusil”.

Fuente: Semana.com.
http://www.semana.com/noticias-opinion/pobre-pendejo/145025.aspx

jueves, 23 de septiembre de 2010

La batalla por la memoria

Por Marta Ruiz
Masacre de La Rochela, 18 de enero de 1989.
CONFLICTOEn este informe especial usted entenderá por qué Colombia no debe olvidar los horrores de su pasado.
Sábado 18 Septiembre 2010
 
Siempre se ha dicho que Colombia es un país amnésico. Quizá porque a cada ciclo de guerra le ha seguido un pacto de paz que ha enterrado el pasado con la idea de que para seguir adelante no se puede recordar el horror, pues sería como echarles sal a las heridas. Las víctimas de la Violencia de los años 50 pudieron quedar en el olvido, en aras de que el Frente Nacional fuera viable, a no ser porque un grupo de intelectuales -monseñor Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna- exhumaron archivos y recogieron testimonios en campos y veredas, para luego interpretar lo que había ocurrido en ese aciago periodo. Sin ese estudio, llamado La Violencia en Colombia, quizá nunca se hubiera sabido que fueron 300.000 quienes murieron en esos años, que hubo todo tipo de métodos de horror y de los vínculos profundos de sectores políticos urbanos con las matanzas. Este fue, si se quiere, un antecedente pionero de las comisiones de la verdad que hoy pululan en varios continentes.
En el mundo entero hay una explosión de la memoria. Prácticamente a todo conflicto lo ha seguido una comisión de la verdad, un tribunal de guerra o una racha de testimonios difundidos por todos los medios disponibles en el mundo moderno. En Sudáfrica se televisaron los actos de verdad y reconciliación donde los victimarios pedían perdón a sus víctimas, en un modelo cuestionado por la ausencia de justicia que representó. En países como Argentina y Perú, que tuvieron comisiones de la verdad, hoy viven procesos de justicia tardía. La imagen del anciano general Videla sentado y dormitando en su silla ante un tribunal argentino que lo acusaba de crímenes atroces no puede ser más paradigmático de aquel viejo adagio de que el pasado no perdona. España, que había optado por el silencio y el olvido, hoy está reabriendo su pasado con todo el debate político que ello implica.
En Colombia, a partir de las declaraciones de los victimarios en los tribunales de Justicia y Paz, y con los testimonios de las víctimas, se está configurando una especie de retrato hablado de las últimas dos décadas. El cuadro es pavoroso: violaciones a mujeres, matanzas hechas con la complicidad de la fuerza pública, destierros como política sistemática para apropiarse de las tierras, reclutamiento de menores que pasaron de ser víctimas a victimarios. Venganza, retaliación, resentimiento por parte de unos e indiferencia por parte de la mayoría.
En ese contexto, y como lo ordenó la Ley de Justicia y Paz, se creó el Grupo de Memoria Histórica, de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, en el que participa un selecto conjunto de intelectuales. Este grupo, en cabeza del historiador Gonzalo Sánchez, ha elegido el camino de investigar casos emblemáticos como botones de muestra de un monstruo de mil cabezas. La semana próxima presenta cuatro nuevos informes sobre las masacres de La Rochela, Bojayá, Bahía Portete, y sobre la lucha por la tierra en la costa atlántica. Estos se suman a los de las matanzas de Trujillo y El Salado, presentados en años anteriores. Estos libros son al mismo tiempo un espejo del pasado y una ventana para mirar hacia el futuro. Con motivo de la publicación de los informes, SEMANA publica este especial periodístico.
Pero la tarea de este grupo de intelectuales, encomiable por cierto, es apenas la primera piedra para edificar un programa político de mayor alcance: la memoria como escenario para fortalecer la democracia. La memoria es un campo de batalla donde cada persona o grupo narra la violencia, de acuerdo a su propia experiencia. De la fuerza que tenga cada una de ellas dependerá, en buena medida, el rostro que tome la Nación en su futuro. La memoria es un lugar para la inclusión, para el reconocimiento del otro, para cerrar heridas y saldar cuentas pendientes. La memoria puede, si se hace con espíritu democrático, ser un hito político, una manera de transitar de un estado de guerra a uno de reconciliación. Puede ser el primer paso para una agenda de paz.
Las organizaciones de derechos humanos han apostado desde hace años por una memoria que contrarreste la impunidad. El sacerdote jesuita Javier Giraldo ha dedicado su vida a documentar minuciosamente los asesinatos y masacres que han ocurrido en Urabá, Trujillo y otras regiones, en un banco de datos que será quizá la base de partida para cualquier proceso de verdad en el país. Pero la memoria no se agota en las demandas de justicia, porque esta, al fin y al cabo, juzga a las personas y sus actos. "Todo castigo es memoria", dice Iván Orozco, uno de los miembros del Grupo de Memoria Histórica. Así mismo, la impunidad es el más brutal acto de desdén y olvido. Pero es del ámbito de la política entender los contextos y explicarlos. Por eso, la batalla por la memoria es un debate político y no solo jurídico o académico.
Por esa razón, en esta creciente corriente de reivindicación de la memoria se está construyendo de facto una ética del testigo y el sobreviviente. Es necesario que esta se convierta en un programa político, para que sea realmente una memoria ejemplarizante que no solo se ancle en el sufrimiento pasado. La iniciativa ya la han tomado algunas alcaldías, como las de Bogotá y Medellín, que están construyendo sendos centros de memoria del conflicto, de gran envergadura e impacto social.
Convertir la memoria en política implica, por ejemplo, que el campo educativo se aboque a la tarea de que las nuevas generaciones comprendan el pasado reciente. Que se abran y conozcan los archivos secretos pero cruciales de los diferentes organismos de inteligencia y que se desclasifiquen, como se ha venido debatiendo en los últimos días. Que el Estado reconozca que normas como las que legalizaron las autodefensas en el pasado fueron nefastas e incentivaron la violencia. Y que los diferentes actores de la política que estuvieron en la guerra reciban sanciones sociales ejemplarizantes, para desterrar la práctica de obtener poder o territorio a través de la violencia. La memoria implica afrontar las reformas que sean necesarias para resarcir los desastres de la guerra. La restitución de tierras es un ejemplo de cómo la memoria se convierte en un hecho concreto para cambiar la vida de la gente que ha vivido en el conflicto y empezar a construir un país más civilizado.
También es definitivo que las víctimas encuentren en el espacio público el reconocimiento que durante tanto tiempo les ha sido negado. Hace casi 30 años, el general Fernando Landazábal Reyes dijo que el país tenía que aprender a escuchar a sus generales. Y en realidad, lo ha hecho. Ahora, Colombia tiene que aprender a escuchar a sus víctimas y a otorgarles como reparación el reconocimiento a la injusticia que ha significado su sufrimiento. En ese sentido, el periodismo y el arte son vitales.
Porque así como miles de victimarios hicieron y deshicieron por años, la indiferencia de la mayoría contribuyó a que la escala de maldad que ha habido en la guerra nos haya convertido en lo que somos hoy: un país desangrado. Un país que en menos de medio siglo, quizá por no conocerla, ha repetido su historia.

Contrafactual

Por: Alejandro Gaviria
http://www.elespectador.com/columna-225004-contrafactual

UN MES LARGO DESPUÉS DE LAS elecciones, el ex candidato presidencial (y hoy líder de la oposición) Juan Manuel Santos decidió romper su silencio.
En una entrevista concedida al diario El Tiempo, se fue lanza en ristre en contra del gobierno de Antanas Mockus. “Me da mucha pena —dijo— pero el país parece haber perdido el rumbo. Las Farc han asesinado a una treintena de policías y soldados. La inseguridad está disparada. Medellín está prácticamente en guerra. Un carro bomba explotó en Bogotá y no sabemos absolutamente nada. El Gobierno parece confundido, sin capacidad de reacción”. “La gente está perdiendo la confianza”, señaló al final de la entrevista en tono vehemente.
Pero no sólo Juan Manuel Santos ha hecho pública su preocupación con lo sucedido después del siete de agosto. Otros líderes políticos también han manifestado su desconcierto. “No sólo la seguridad me preocupa”, dijo esta semana el ex senador (y ahora precandidato a la Gobernación de Risaralda) Rodrigo Rivera en una entrevista radial. “El Gobierno decidió archivar prematuramente la reforma a la justicia. Las altas cortes ejercieron un inaceptable poder de veto con la anuencia del Presidente”, afirmó más adelante. “Los magistrados no pueden ser juez y parte en una reforma a la justicia”, concluyó lapidariamente.
El consejo gremial se reunió de manera extraordinaria al comienzo de la semana. A la salida de la reunión, el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, denunció el deterioro de la seguridad y la consecuente pérdida de confianza de los inversionistas. “El nuevo gobierno le está debiendo una explicación al país”, dijo. Villegas señaló también la necesidad de una agenda legislativa claramente definida: “a estas alturas no sabemos cuáles son las prioridades del nuevo gobierno”. El dirigente gremial llamó igualmente la atención sobre la inutilidad de los acercamientos con el gobierno venezolano: “los compromisos firmados no han traído todavía ningún beneficio concreto, se han quedado en declaratorias de buenas intenciones… mucho se ha dicho, nada se ha hecho”.
La revista Semana publicó en su portada una fotografía que muestra a los altos mandos castrenses sentados solemnemente en un mesa de reuniones. Todos están mirando en la misma dirección, hacia la cabecera de la mesa, donde yace una silla vacía. “¿Dónde está el piloto?”, decía previsiblemente el titular. Por otra parte, el ex senador Germán Vargas Lleras (ahora columnista de Colprensa) escribió recientemente que el Gobierno pretende combatir la corrupción con burocracia y medidas simbólicas. “Ha propuesto una comisión para promover los valores éticos mediante campañas en los colegios… pero la corrupción no se combate con clases de cívica”, escribió. “La ingenuidad es un pecado venial que puede tener consecuencias mortales”, concluyó con el tono crítico que se ha puesto de moda en el país.
“Estoy seguro de que lo sucedido en el último mes y medio no es nada extraordinario, aquí no estamos viendo una escalada, como algunos han pensado; aquí lo que estamos viendo es una situación normal”, dijo el nuevo presidente. Pero nadie quedó satisfecho con esta explicación. Un asesor del nuevo gobierno, que pidió mantenerse anónimo, dijo que si Santos fuera el presidente, ni los gremios ni los medios ni la oposición estuvieran haciendo tanto alboroto. “Los dobles estándares son parte de la democracia. Y de la vida”, dijo con resignación.

agaviria.blogspot.com

EL TIEMPO MUERTO

Por: Héctor Abad Faciolince
TENEMOS TANTAS COSAS PARA MATAR el tiempo que ya nunca tenemos tiempos muertos. Yo, como todos, me estoy enloqueciendo.

Yo no soy yo, como usted ya no es usted, o no es usted solamente. Somos nosotros, más las prótesis a las que vivimos conectados: aparaticos de bolsillo, objetos inalámbricos, pantallas titilantes, jueguitos, una lista infinita de personas on-line, como felinos al acecho, que interrumpen para lo más anodino, lo más importante o lo más fútil.
Es imposible pasar una hora (otros un minuto) sin controlar dónde está tal, por dónde viene aquel, quién ha escrito o no ha escrito, cómo sigue tal otra, con quién está tal cual. Todo se va convirtiendo en mensajes breves e instantáneos. Mis amigos ya no vienen a comer y a conversar a mi casa: vienen a revisar sus correos y a mandarse mensajes mientras fingen que su mente está conmigo. No, su mente está en todas partes, y una fracción está también aquí, pero en realidad tienen el cerebro dividido en gajos de atención, como si fuera una naranja, y a nadie le dan la fruta entera. No son ellos completos los que me están haciendo una visita o teniendo una conversación seria. ¿Cómo pueden chatear y chuparse una concha al mismo tiempo?.
Cada vez noto más, cuando me llaman, que en vista de que estoy mirando al mismo tiempo la pantalla del computador, mi atención es flotante, no del todo presente en la situación, y a duras penas consigo entender lo que me están diciendo. Cada vez noto más, cuando yo llamo, que a mí también me prestan una atención distante, distraída, de cerebro dividido en varias funciones al tiempo. No hay concentración, no hay secuencias, hay saltos.
Estamos rodeados por mareas de autistas hiperactivos y dispersos.
Ya no hay quien crea que alguien está hablando solo o está loco cuando va por la calle hablándole al viento: no, está hablando con alguien a través de un micrófono inalámbrico y un audífono invisible. Ya no hay nefelibatas, ya nadie vive en las nubes: todos están conectados a algo o a alguien todo el tiempo: pasan trotadores conectados al i-pod, no dejan de chatear o de mandarse sms. Antes había casos, cuando el avión aterrizaba, de unos pocos adictos que corrían a fumarse un cigarrillo; ahora nadie parece adicto porque todos lo somos: lo primero que hacemos cuando el avión toca tierra es prender el teléfono. Y hasta hay idiotas que gritan en la cabina: “recuerde que esto que le estoy diciendo es muy delicado y muy confidencial”, pero lo esparcen a los cuatro vientos.
Al montarme al carro pienso en las llamadas que haré para no perder tiempo mientras esté en semáforos largos o en embotellamientos de tráfico. No hay tiempo muerto, no hay un instante para estar ensimismado, para mirar el paisaje, para recoger los pedazos del alma, para armar el rompecabezas de las ocurrencias, para rumiar una frase que se quiere escribir, para pensar en algo que se oyó o que se nos ocurrió, en suma, para aclarar las ideas.
Me atormenta la vida el hecho de pasar el día entero frente a una pantalla (ya muchas menos horas del día las paso frente a las páginas de un libro o frente a la contemplación sedosa y sedentaria de un árbol, un lago o una montaña) salpicando entre temas, con una atención dispersa. Hay quienes dicen que si el cerebro no descansa con una pausa en los estímulos, poco se aprende. Todos parecemos muchachos con déficit de atención: saltando de una cosa a otra, saltando aquí y allá, enloquecidos. Si alguien mete las patas ya no se da un codazo: se manda un mensajito por el Blackberry.
La televisión ya es un mueble viejo: a nadie se le ocurre pasar el tiempo concentrado en un programa. Comparada con las nuevas tecnologías, la televisión parece tan anticuada como un libro encuadernado en pergamino.
¿Qué es una telenovela, comparada con la telenovela real de Facebook? Ya no hacemos casi nada porque nos pasamos el tiempo haciéndolo todo al mismo tiempo. Ya no estamos aquí porque nos la pasamos conectados a otra parte.

Héctor Abad Faciolince.

martes, 31 de agosto de 2010

"Por fin entendí el iceberg de la parapolítica"

Claudia López se hizo famosa con sus investigaciones sobre la parapolítica, que revelaron los vínculos entre los políticos y los paramilitares que hoy tienen encausados judicialmente a 97 congresistas.
Hoy lanza, en la Feria del Libro, el segundo capítulo de esta investigación. "Y refundaron la patria... de cómo mafiosos y políticos reconfiguraron el Estado colombiano".
Es el resultado de una extensa investigación coordinada por ella pero realizada por 15 investigadores de la Corporación Nuevo Arcoiris, Grupo Método de Luis Jorge Garay, Congreso Visible, Dejusticia y la Moe. Esta es una entrevista sobre sus resultados.

¿Por qué decidió escribir este libro?
Claudia López: Arrancamos porque me descrestó la teoría de Luis Jorge Garay sobre la captura y reconfiguración del Estado. Él se pregunta qué pasa cuando no es un privado el que trata de inhibir a un regulador público en beneficio de un interés económico -que es lo normal- sino que se trata de toda una estructura de poder tratando de capturar al Estado a través de la violencia. Mi pregunta es por qué si el que tiene plata y capacidad de chantaje tiene cómo capturar al Estado, los paramilitares y los narcotraficantes han sido más eficaces en esta captura que los guerrilleros.

¿Y qué descubrió?
Que no basta tener armas y dinero para capturar al Estado. Hay tres diferencias que definen la capacidad sostenida de captura del Estado entre los paras, las Farc y el Eln: el capital social, la visión del poder político y su caracter pro o antiestatal.
Es como raro pensar en capital social en relación con los paramilitares o los guerrilleros.
El capital social es con quién te relacionas, cuáles son tus contactos y qué puertas te abren esos contactos. El capital social de la guerrilla es pobre, sus contactos son marginales política y económicamente. En cambio, el narcotráfico y los paramilitares son hijos del poder. Nacieron al lado de élites políticas y econónmicas que además les dieron cobertura legal hasta 1986. Esa enorme conexión con el poder les permite llegar a altos niveles del Estado. La guerrilla es anti-Estado mientras que los paramilitares y el narcotráfico son pro-Estado, pro capitalismo, y saben cómo operar dentro de él.

¿Y estas diferencias entre paras y guerrilleros cómo hace que sean diferentes la Farc política de la parapolítica?
La Farc política consiste en matar políticos y su judicialización sigue en un parte en la impunidad. Descubrimos que entre las Farc y el Eln mataron a tres de cada cuatro políticos asesinados o secuestrados en los últimos 20 años y mientras tanto, los paras ponían candidatos únicos en las alcaldías y gobernaciones.

¿Cómo fue que operó esa captura del Estado?
En la teoría de captura del Estado, se supone que el capturador es un privado que está por fuera del Estado. Pero en esta investigación concluimos que aquí la captura ha sido invertida. Han sido los legales, los empresarios, los políticos, los de la Fuerza Pública, quienes fueron a instrumentalizar a los ilegales para consolidar su propio poder. En una entrevista que le hice a Ernesto Báez, me dijo que en el 98 no daban abasto con tanta gente llamándolos y que por eso tuvieron que crear franquicias. A mí me sonó un poco fantoche. Pero en el 2007, le preguntaron a Mario Iguarán quién había buscado a quién. Su respuesta fue que luego de analizar los casos, pensaba que mayoritariamente los políticos fueron quienes buscaron a los paras. En el libro vamos departamento por departamento viendo quién buscó a quién y concluimos que fue una captura invertida.

¿Pero, por ejemplo, los políticos tenían algúna alternativa?
Esa es la gran discusión de Juan Manuel López con la Corte. Pero López y su tío y su familia se habían inventado a Mancuso, que luego se les volvió una amenaza. Mancuso fue promovido por esas élites. Es lo que pasa siempre, en una alianza de este tipo el que tiene las armas termina imponiéndose sobre el que tiene capital político. Le pasó también al Partido Comunista con las Farc. Los políticos se inventaron a Jorge 40, lo financiaron; en 2002, él dijo quién podía hacer campaña y, en 2006, le cobró a sus aliados por dejarlos hacer campaña.
En retrospectiva, viendo todo lo que pasó con la parapolítica, ¿se puede decir que consiguieron su objetivo?
Mientras lo pudieron disfrutar, reconfiguraron el mapa político. Se legitimaron a través del proyecto uribista. La Corte logró sacar con ganzúa a unos pocos. El espectro político cambió de manera dramática. El país quedó en la centro derecha y se demorará muchos años allí. Hay posibilidades de cambiar porque en la política nada es estático.

¿Cuál fue la magnitud de la captura? ¿Somos un Estado mafioso?
Con los datos judiciales, lo que se ha conocido a través de los procesos de Justicia y Paz y de la Corte Suprema, es razonable concluir que una tercera parte de los cargos de elección popular tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo han sido capturados por los ilegales. No es un narco-Estado pero tampoco se trata de unas cuantas manzanas podridas.

¿Cuál fue el rol que jugó Uribe en todo esto?
No hay pruebas que hasta ahora lo vinculen directamente con estructuras ilegales. Pero es claro que todos los ilegales de derecha se insertaron en su proyecto político y él no hizo nada para evitarlo. Ocho de cada 10 parapolíticos eran de su coalición. En el libro, Francisco Gutiérrez demuestra estadísticamente que el Uribismo atrae a más ilegales.

¿Pero es por que los ilegales se ven atraídos hacia el que tiene el poder o hay algo estructural en el uribismo que los atrae?
Hay una convergencia de intereses políticos y económicos. Uribe podía elegir con quién gobernar y él hundió todas las reformas que los hubieran castigado. Él les dio un recibimiento deliberado y activo. Les dio el Das y el Incoder. En muchas instancias nacionales pero con representación regional, también les dio participación: la Universidad de Córdoba, varias corporaciones autónomas regionales.

¿Cómo se explica que esto sea así y al mismo tiempo haya propiciado la desmovilización de los paramilitares, y que tantos parapolíticos hayan terminado tras las rejas durante su mandato?
El mérito de Uribe fue legitimarlos incorporándolos en su fuerza política o desmovilizándolos.
No entiendo cómo se legitiman extraditándolos.
Estás pensando en los narcoparas como si fueran el virus. Lo que dice la Corte Suprema de Justicia es que son estructuras organizadas de poder. Por ejemplo, Álvaro García está preso y su socio militar, Cadena, está desaparecido. Pero su estructura de poder se reinventó. No importan los nombres de las personas, sino la estructura de poder. Los políticos pueden reinventarse.

¿Cómo funcionan exactamente esas estructuras de poder?
En el libro rearmamos las estructuras de poder de los congresistas que han sido investigados por parapolítica. Rastreamos su trayectoria electoral entre 1997 y 2007. ¿A qué alcaldes, a qué gobernadores habían apoyado? Y una vez elegidos, ¿ a quién apoyaban? No todos eran bandidos, pero da una idea de la capacidad de penetración política del investigado. Mostramos cómo fueron mutando.

¿Es hoy Colombia un país más mafioso que hace 10 años?
Sí, claro. Lo medimos desde 1982, cuando Pablo Escobar llega al Congreso con 16.650 votos., menos del 0.2 por ciento del Senado en esa época. Medimos cómo fue creciendo la representación de la mafia. Pasamos al 8.000, cuando tenían entre el 12 y el 16 por ciento de las curules, a la parapolítica, donde tenían el 35 por ciento del Senado. Se triplicaron. El libro acaba en el 2009. En las últimas elecciones, la mafia no logró crecer su representación política en el Congreso. Los congresistas investigados tenían candidatos para ocupar el 40 por ciento del Senado, pero solo consiguieron el 29 por ciento de las curules. Por primera vez desde 1982, no pudieron crecer.

¿Qué cambió? ¿Cómo se explica esa buena noticia?
Ha cambiado el nivel de control judicial y social. La justicia se les atravesó. La Fiscalía, con los procesos de Justicia y Paz, y la Corte Suprema de Justicia con la judicialización de los parapolíticos y sobre todo la Corte Constitucional que frenó los proyectos de ley con los que pensaban reconfigurar el Estado.

¿Qué hicieron realmente en el Congreso los parapolíticos?
Elizabeth Ungar con Congreso Visible encontró que los parapolíticos no tuvieron iniciativa como bancada legislativa. No fueron más activos ni más exitosos en pasar sus proyectos de ley y no encontró una diferencia sustancial entre la actividad de los congresistas investigados y los no investigados. Entonces, ¿a qué fueron al Congreso? Descubrimos que son una bancada en su condición de uribistas. Si bien eran el 35 por ciento del Senado, constituían el 53 por ciento de la bancada uribista en esa coporación, es decir eran mayoría. Y una mayoría que para cualquier gobierno es un paraíso. No hablan, no sugieren, votan lo que el ministro les diga. Lo que los convierte en una bancada capaz de reconfigurar la política es ser parte estructural de la bancada de gobierno. Estudiamos ocho leyes en las que tenían interés: las cuatro de economía agraria, la de Justicia y Paz, las dos reformas políticas y la reelección.
Cuando se escudriña el trámite de estas leyes de iniciativa gubernamental lo que ocurre es que se aprobaban normas cuya aplicación podía beneficiar tanto los intereses legales como los ilegales. Las leyes que abiertamente beneficiaban a los ilegales se hundieron, como la de Rocío Arias para eliminar la extradición. Pero cuando metieron la suspensión de la extradición dentro de Justicia y Paz, que era iniciativa del gobierno, ahí sí pasó.

¿Cómo es esa patria refundada por ellos?
Es una sociedad que pasó de la intolerancia a la legitimación de los ilegales; es de centro derecha incluida la derecha ilegal; la porción de país que se ha beneficiado del narcotráfico logró legitimarse, con el discurso anti-Farc y anti-izquierda. Una tercera parte de los enemigos de la democracia está adentro. Hace más daño una tercera parte agazapada dentro del Estado que un Estado abiertamente tomado por una dictadura, por lo menos en términos de vidas. Ciento sesenta y cinco mil colombianos pagaron con su vida este chistecito.
Tuvo costos humanitarios y de corrupción brutales. En ese proceso de 20 años, Colombia en democracia sufrió tres veces más violaciones que las dictaduras del Cono Sur sumadas. Ellos tuvieron 10 mil desaparecidos, Colombia 31 mil. Ningún otro país del continente, ni siquiera Guatemala, ha registrado 1.300 masacres.
En términos de corrupción, los economistas dicen que el narcotráfico representa dos puntos del PIB en Colombia. Si uno suma los estimativos de la Contraloría sobre lo que le cuesta la corrupción a Colombia equivale a entre 1,1 y 1,5 por ciento del PIB. Es un negocio tan rentable como el narcotráfico. Es el resultado de usar su posición aventajada dentro del Estado. Garay tiene la teoría de que hay una integración vertical entre la corrupción y el narcotráfico.

¿Cómo así?
Sí, la corrupción se ha vuelto una forma de lavado de capitales del narcotráfico. Antes, construían un edificio con los dólares negros. Pero si logran hacer una troncal mediante una concesión, es mucho más eficiente para lavar dinero. Una zona franca puede lavar miles de millones de pesos y descubrirlo es muy difícil.

¿Para qué hicieron todo esto?  
Hay intereses convergentes pero separados. Uno se pregunta qué lleva a Caballero, a Vives o Araújo a hacer eso si ellos ya tenían poder, ya eran la élite. Nuestra hipótesis es que era una resistencia a las reformas democráticas de la Constitución de 1991, una reacción para mantener el status quo y no ceder poder. La circunscripción nacional del Senado amenazaba los feudos regionales; el Senado se redujo de 114 curules a 100; no sólo competían entre los que ya estaban sino que cualquiera podía crear un partido polítitico. Y además, los ciudadanos, a través de la tutela, podían exigir derechos. Todo esto amenaza su poder. En un libro que encontraron de Jorge 40, él decía textualmente que cuando fue a una instrucción, le explicaron que la Constitución era comunista.
Su otro objetivo era no dejar modificar el régimen de tierras. Y encima, creían que la guerrilla se iba a tomar el poder por las armas o a través de la negociación del Caguán.
La última razón es que cada vez hay más crímenes que necesitan impunidad. No puedes soltar el poder político, porque lo necesitas para influir sobre lo judicial para asegurarte impunidad.

¿Qué representa Santos en todo esto?
Dentro de ese proyecto de derecha, una visión más moderna, más global. A los del PIN los trata como a la amante, y eso les quita poder. Mientras que Uribe fue a condecorar al gobernador Abadía ya destituído, Santos no se va a reunir con ellos. Los usan, pero como diría Turbay, "en sus reales proporciones". Si el centro derecha legal tiene sentido de clase y de supervivencia tiene que hacer este proceso o si no, los otros los pueden sustituir como élite.

¿Qué viene ahora?
Yo creo que en estas elecciones se da una reconfiguración de fuerzas al interior del proyecto de centro derecha. Los de la derecha legal ganaron las elecciones. Uribe tenía razón en que él era el único que podía perpetrar ese proyecto unido de la derecha legal e ilegal. El candidato que se pidió representar esa unidad era 'Uribito' pero perdió. Santos era el Plan C. Pero ha dado muestras de distancia de ese proyecto muy rápido. En el Congreso lograron menor representación. Eso lo que demuestra es que todos los artículos periodísticos, todos los libros, todas las sentencias sí han servido.

¿Qué significa personalmente para usted este libro?
Como investigadora me da satisfacción porque me topé con la parapolítica por casualidad. Así descubrí los nombres de la punta del iceberg. Pero con este libro entendí el iceberg. Pero lo malo de ser una investigadora es que uno responde una pregunta y termina con otras dos.

¿Y cuál es la pregunta más grande con la que se queda?
La relación entre el narcotráfico y la corrupción. También hay un tema que tiene que ver con la participación de un sector de la fuerza pública en todo esto. Es una caja negra y si la sociedad no enfrenta la impunidad de ese sector se puede reproducir otra guerra, en parte para mantener la impunidad. Esta guerra se acaba no solo desarmando a las Farc sino también a ese sector militar vinculado al paramilitarismo.

E. Fresneda

domingo, 29 de agosto de 2010

"La ola verde no es el Partido Verde"

POLÍTICA. Por primera vez, Sergio Fajardo destapa sus molestias con el Partido Verde. Quiere hacer parte de él, pero insiste en que se ha hecho poco para definir las estrategias de la colectividad de cara al futuro. Sábado 28 Agosto 2010 / Semana.com



El 14 de agosto, Sergio Fajardo hizo sentir su molestia con la lentitud que según él, ha tenido el Partido Verde para definir asuntos de fondo. Después de retirarse de una reunión en la que se discutían temas formales del partido, decidió aplazar su vinculación. No obstante, insiste en que él y Compromiso Ciudadano quieren participar del proyecto de los verdes.



SEMANA: ¿Cuál es su malestar de fondo con el Partido Verde? ¿Por qué, en concreto, dice que el partido está 'biche'?
Sergio Fajardo: Ningún malestar. Mi relación con los ex alcaldes Garzón, Mockus y Peñalosa es de camaradería y somos buenos amigos. En cuanto al Partido Verde, tengo muchas inquietudes porque hay que resolver unos temas internos. La ola verde no es el Partido Verde y creo que por ahora se ha hecho poco para construirlo. Después de las elecciones del 20 de junio, ¿qué ha pasado? ¿A alguien se le ha ocurrido ir a Buenaventura, donde ganamos en la primera vuelta, para agradecerle a la gente y trazar una campaña para ganar la Alcaldía el año entrante? ¿A Putumayo? ¿A Pasto? Como escribí en Twitter: la inacción es uno de los caminos más cortos para llegar a la extinción.

SEMANA: En los últimos días se pospuso su entrada formal al Partido Verde. ¿Acaso su participación como fórmula vicepresidencial de Mockus no fue su entrada al Partido?
S.F.: Mi participación como fórmula vicepresidencial estuvo definida en el marco de una alianza para una coyuntura electoral, apoyada en elementos políticos compartidos. Con Compromiso Ciudadano, el movimiento que respaldó mi aspiración presidencial, queremos llegar al Partido Verde y aportar para que sea el partido del siglo XXI en Colombia. Así mismo, para responderles a 3.600.000 personas que votaron por nosotros. Tenemos el reto de construir un partido que responda a estas realidades y que hoy no existe.

SEMANA: Los ex alcaldes de Bogotá le ofrecieron a usted y a Compromiso Ciudadano dos de 17 cupos de la dirección del Partido Verde ¿Esta cifra los deja tranquilos?
S.F.: Nunca he hablado con nadie de puestos o pedazos de poder. En Compromiso Ciudadano no pedimos cargos ni posiciones. Se trata de construir el partido del siglo XXI y no creo que el camino empiece con una repartición burocrática. ¿Qué proyecto de país tenemos? ¿Qué le decimos a Colombia? ¿Para dónde vamos? El problema no es un diálogo individual con Sergio Fajardo, sino una interlocución programática con el equipo que me ha acompañado. Además, en el Partido Verde primero se debe saber qué se quiere y luego definir la estructura. De lo contrario, se cae en luchas burocráticas y toma sentido la famosa frase de Echandía: "¿El poder, para qué?"

SEMANA: ¿Cuál debe ser la estrategia del Partido Verde de cara a las elecciones locales y regionales de 2011?
S.F.: Sería importante desarrollar el concepto de Municipio Verde, que recoge políticas fundamentales como la ambiental, la de transparencia, la educativa, la de ciencia, tecnología y emprendimiento, la de mujeres, la de movilidad y la de lucha contra la pobreza, entre otras. Estas iniciativas serían sello inscrito en los programas de todas las personas que aspiren a una alcaldía por el Partido. Desde lo nacional, trabajaríamos en todas las regiones realizando talleres de formación política. Hay mucho trabajo por hacer. Sin embargo, desde el 14 agosto no se ha citado el comité que se sugirió para hacer, por fin, el taller en el que se discutirían los planes para 2011. ¡Han pasado dos semanas y nada!

SEMANA: ¿Cómo evalúa los nombramientos y reformas que ha anunciado el presidente Juan Manuel Santos?
S.F.: Sin duda, ha conformado un equipo de calidad y en muy poco tiempo ha hecho una ruptura elegante y dramática con el gobierno del presidente Uribe. Esperemos a ver qué pasa con las reformas anunciadas; falta mucho camino por recorrer. El reto es pasar de una unidad nacional política a una unidad nacional en la cual la ciudadanía participe activamente.

SEMANA: ¿Y en cuanto a su tema bandera, el de la educación?
S.F.: No ha pasado nada. No hemos oído una sola palabra de parte del gobierno. No concibo una unidad nacional en la cual la educación no sea un punto central. El tema de la educación siempre es una tema de campaña, pero usualmente cuando alguien es elegido se repite la historia y para la educación solo quedan las buenas intenciones.

SEMANA: ¿Sigue soñando con llegar a la Presidencia para promover esa bandera?
S.F.: Claro. Después de recorrer el país dos años y medio y aprender varias lecciones, cada día estoy más convencido de que la construcción de una sociedad justa pasa por lograr que el desarrollo de las capacidades de los colombianos no sea un privilegio. Tiene que ser un derecho y le corresponde al Estado liderarlo. Por eso ingresé a la política y mientras tenga energía lucharé para que la educación y el conocimiento sean motores de la transformación social del país.

SEMANA: ¿No cree que los únicos partidos viables en el tiempo son los tradicionales?
S.F.: Si no somos capaces de transformar el resultado electoral de la ola verde en un partido sólido, seremos un gran fiasco y pasarán muchos años antes de que vuelva a presentarse una oportunidad de construir una alternativa política distinta, con capacidad de alcanzar el poder. Hoy esa alternativa aún está biche.

SEMANA: Ahora que está a punto de recuperarse después de su accidente en bicicleta, ¿está pensando en volver a recorrer el país a pie?
S.F.: La política no debe ser un hobby o un negocio, sino una actividad de tiempo completo. Quiero ir por todo el país agradeciéndoles a las personas que trabajaron con nosotros y votaron por nosotros, escuchar sus observaciones sobre lo que ocurrió, revisar sus expectativas para 2011 y empezar a trabajar con quienes quieren hacerlo. Hasta ahora no he podido, pero la próxima semana empiezo en Cali, con mi bastón y un poco de susto.

SEMANA: En definitiva, ¿usted es hoy miembro del Partido Verde?
S.F.: Después de tantas respuestas debería estar claro. Pero para que no haya una sola duda: no estoy en el Partido Verde, reitero que quiero entrar y que si lo hago, lo haré con Compromiso Ciudadano. Con gusto participo en todo lo que signifique contribuir a construir el Partido Verde que soñamos… como decíamos en la campaña: 'Si lo soñamos, lo logramos', ¡pero moviéndonos!

domingo, 22 de agosto de 2010

Alcalde de Medellín lamenta profundamente el fallecimiento del Director de la Corporación Región, Jorge Arturo Bernal Medina

• Jorge Arturo Bernal Medina fue uno de los fundadores de la Corporación Región y de la Corporación Viva la Ciudadanía, una de las más importantes ONG del país.
• Su mayor obsesión fue luchar contra la pobreza y la desigualdad social en Medellín y Colombia.
• Bernal Medina trabajó de la mano de la Alcaldía de Medellín en el fomento de la participación de la ciudadanía en congresos de política y lucha contra la pobreza.
El alcalde de Medellín, Alonso Salazar Jaramillo, expresó su profundo pesar por el fallecimiento del Director de la Corporación Región, Jorge Arturo Bernal Medina, quien se destacó durante su vida por su lucha incansable contra la pobreza y la inequidad social en el país.
Bernal Medina fue uno de los fundadores de la Corporación Región y durante los últimos ocho años había ejercido como director. También fue socio fundador de la Corporación Viva la Ciudadanía, reconocida a nivel nacional como unas de las más importantes ONG que trabajan por la inclusión social.
Durante su vida trabajó por la democracia y el desarrollo local y formó parte de proyectos para fomentar la participación ciudadana.
Fue autor, junto con su esposa, del libro “Democracia y ciudadanía. Balance de derecho y libertades en Medellín”, y en los próximos días presentaría su última publicación que tiene por título “Exclusión Social y Desigualdad en Medellín”.
Gracias a su vocación de servicio, Bernal medina promovió, de la mano de la Alcaldía de Medellín iniciativas comunitarias que buscaban mejorar las condiciones de vida de las familias más pobres de la ciudad.
Sus familiares lo recuerdan como un hombre alegre, defensor de la vida y comprometido con la paz y la democracia de Colombia. Su único sueño fue acabar con la pobreza y encontrar la equidad social.
La Administración Municipal acompaña en tan difícil momento a sus familiares, amigos y les invita a seguir el ejemplo de vida de Jorge Arturo Bernal Medina.